El 20 de mayo de 1992, antes de la final de Wembley, Johan Cruyff motivó a sus jugadores con una frase que pasó a la posteridad: “Salid y disfrutad”. Diecisiete años y siete días después, su alumno más aventajado, Pep Guardiola, dio una vuelta de tuerca con un método mucho más sofisticado y revolucionario.

Todo ocurrió en el estadio Olímpico de Roma, poco antes de la gran final de Champions entre el FC Barcelona y el Manchester United.

A falta de 25 minutos para que empezara el partido, los jugadores azulgranas formaron una piña en el césped y, acto seguido, bastante antes de lo previsto, se retiraron al vestuario. Nadie sabía muy bien por qué. Guardiola les había pedido que acortaran el calentamiento. Y así lo hicieron.

Una vez dentro del vestuario, la sorpresa fue mayúscula: todos los integrantes de la plantilla se encontraron en él una inmensa pantalla, traída expresamente desde Barcelona para la ocasión. Acto seguido, las luces se apagaron y se proyectó una película de siete minutos muy especial.

Según explica “El Periódico de Catalunya”, el técnico barcelonista les proyectó un montaje realizado por un amigo suyo de TV3 con imágenes del Barça de esta temporada, intercaladas con escenas del film “Gladiator”. Durante el “corto”, entre otros, se recordó el mal trago de los lesionados; imágenes de esfuerzo y otros de plena euforia, como los goles de Messi al Real Madrid… momentos llenos de épica y pasión. Y todo ello, aderezado con una banda sonora extraída de la ópera “Turandot”.

Por el desenalce final está visto que surtió efecto. Vaya que sí.