Este post va por y para mi amiga Chuli (así la conocen en su entorno), una chica de treinta años que sufre de cáncer hepático (hepatocarcinoma primario) desde los doce pero que tiene una energía que muchos de los que estamos aparentemente sanos quisieramos para nosotros.

Pronto empezará un nuevo tratamiento de quimio con el que seguro que podrá cumplir su sueño, sacar la carrera de Ingeniería de imagen y sonido en Pamplona, en cuya universidad ya tiene solicitada la plaza.

Lo que os pongo aquí es algo que me ha estado escribiendo en una conversación por messenger y que espero que no le moleste que os lo enseñe. Tan sólo dice verdades.


Tengo que hacer mi vida lo más especial que pueda, no me quiero morir pensando que soy normal.

Prefiero pensar que soy extraordinaria aunque parezca soberbio.

Mi vida no es normal, a mí me parece maravillosa.

No es normal saber desde los doce años que no voy a cumplir cuarenta.
No es normal estar triste porque la mujer por la que te ha dejado tu marido no te habla.
No es normal no saber ganarte la vida con treinta años.
No es normal estar triste porque no sabes si vas a tener la guitarra que has pedido para los reyes a tiempo en lugar de preocuparte por si necesitas un hígado en lugar de una guitarra.
No es normal hacer 5 km diarios en bicicleta cuando casi no tienes fuerza ni para andar.
Esas cosas son extraordinarias, y por eso soy una mujer extraordinaria.

Chuli