Os hablo de Robert Müller, de 28 años y jugador del Kölner Haierm, equipo puntero de la liga alemana de hockey sobre hielo, y de la selección germana. Tiene un glioblastoma en el cerebro, un tumor de cuarto grado, especialmente agresivo y de crecimiento muy rápido.

Los médicos le han dicho que tan sólo le quedan siete semanas de vida por lo que ha decidido seguir entrenando porque “ahora mi único objetivo es disputar el arranque del campeonato alemán a finales de noviembre y agradecer de esa forma a mi equipo la confianza que han depositado en mí”.

Según su médico, Robert superó la media de supervivencia de este tipo de tumores. La mayoría de los pacientes no llega a vivir un año y sólo 3% resiste cinco años.

Está casado y es padre de dos niños pero no quiere volver para que sientan lástima sino porque se siente útil aún: “no tengo dolores y me siento bien y sencillamente tengo que vivir con el tumor. Nunca va a desaparecer del todo. Sólo me resta ser positivo; cualquier otra cosa no cambiaría la situación. Y quiero que se me trate como a cualquier otro, no necesito compasión”.

Robert Müller, un tío grande.