El mango del martillo muestra no haber estado exento en el proceso de “petrificación” que evidencian los árboles de los bosques texanos. El lento proceso de petrificación prehistórica ocurrida en dicha zona, según los geólogos, data de hace 140 millones de años. Una deducción rápida del contexto del hallazgo lleva a suponer no solo que existía una civilización humana antes del proceso histórico de petrificación de Texas, sino que esta ya poseía la tecnología necesaria para realizar un martillo de caracteristicas modernas.
La cabeza, según estudios del Instituto Metalúrgico de Columbia, está conformada prácticamente en un 97 de hierro puro, un 2 por ciento de cloro y un 1 por ciento de azufre. Asombrosamente también se comprobó que el hierro había sufrido un proceso de purificación y endurecimiento, propios de una metalurgia del siglo XX.
La porción de piedra que rodeaba la cabeza del martillo también presentó anomalías, pareciendo haberse fundido con algún tipo de recubrimiento (vaina) del martillo. Como prueba física de está supuesto envoltorio se encontró una muesca regular. El análisis químico de esta “vaina” detectó también ciertas cantidades de potasio, silicio, cloro, calcio y azufre. Esta composición contradice a las hipótesis que postulaban que la cabeza del martillo pertenecía al fragmento de un meteorito, dado que los cuerpos de nuestro sistema solar no tienen tal naturaleza química.
El hecho de que la cabeza se haya encontrado fundida en la roca parece acusar que el proceso de incrustación se llevó a cabo bajo condiciones atmosféricas distintas a la actual (diferente presión atmosférica), probablemente según científicos, más concordantes a una época remota.
Contra las remotas posibilidades de que un meteorito de extrañísima composición química y morfología excepcional, atrapara en la prehistoria a un trozo de madera (de igual manera que la cabeza de un martillo aprisiona a su mango), los científicos aventurados ven en este oopart, solo un indicio más de que nuestro planeta cundió en algún momento de su historia, de civilizaciones de avanzada capacidad técnica, de las cuales hoy solo nos quedan leyendas, y algunos vestigios atrapados en roca.
Roelf Marx, director del Museo de Klerksdorp(Sudáfrica), donde se encuentran guardadas algunas de estas esferas, dice: “los objetos parecen artificiales, pero el estrato de roca donde fueron encontradas corresponde a una era en la que no existía forma de vida inteligente. Jamas he visto nada semejante”.
Estas piedras pueden dividirse en dos tipos, las primeras son de un metal solido azulado con manchas blancas y las segundas son huecas y repletas de un material esponjoso blanco.
Por cierto, la segunda imagen de la fotocomposición de arriba, ¿no os recuerda a Mimas, una de las lunas de Saturno (foto de la izquierda)? ¿Serán las esferas algún tipo de mapa astrológico? Habrá que esperar mucho tiempo para saberlo. Quien sabe. Quizás no lo sepamos nunca. O quizás estemos más cerca de saberlo que nuna hayamos podido estar.

