Cuando la piel es dañada, se forma un coagulo de sangre y las células que se encuentran por debajo de la herida comienzan a reparar la lesión, lo que conduce a la cicatrización. La cicatrización es una consecuencia natural de la reparación de los tejidos, y resulta bien visible allá donde la piel se ha curado después de un corte o una quemadura. Abarca desde formas triviales (un rasguño en una rodilla) a crónicas (úlceras en piernas por diabetes) y no se limita sólo a la piel. Todos los tejidos sufren cicatrices, cuando son reparados; por ejemplo, los daños desencadenados por el alcohol en el hígado conducen a una fibrosis y a insuficiencia hepática, y a menudo, después de la mayoría de las cirugías abdominales, las cicatrices quirúrgicas pueden dar lugar a complicaciones.
El daño tisular desencadena una respuesta inflamatoria de los glóbulos blancos (macrófagos), los cuales protegen la piel de infecciones matando a los agentes infecciosos. Las mismas células guían la producción de capas de colágeno. Estas capas de colágeno ayudan a curar la herida, pero su separación de la piel circundante da lugar a cicatrices.
La investigación del Profesor Paul Martin y sus colegas en la Universidad de Bristol demuestra que el OPN es uno de los genes que provoca cicatrices, y que con la aplicación de un gel, que suprima el OPN en la herida, se puede acelerar el proceso de reparación y reducir las cicatrices. Esto se debe en parte a un aumento en la regeneración de vasos sanguíneos alrededor de la herida y además por la aceleración en la reconstrucción de los tejidos.
Los resultados de esta investigación preparan el camino para el desarrollo de medicamentos que mejoren la cicatrización de heridas en la piel, y otros órganos donde la reparación de los tejidos puede llegar a ser problemática. Los investigadores tienen la esperanza de que no pasará mucho tiempo antes de que esas terapias estén disponibles en el ámbito clínico.
Esta proeza se ha logrado gracias a la ingeniería genética, introduciendo genes de seda de araña en el cromosoma de gusanos de seda y obteniendo así, una fibra que es mezcla de seda pura y seda natural de araña mucho más resiste y duradera que la seda convencional.
Estas investigaciones fueron realizadas sobre el ADN de un gato abisinio de cuatro años bautizado Cinnamon (canela), cuya raza se remonta a varias generaciones en Suecia.